El periodismo en la costa atlántica y en Colombia ha sufrido un nuevo golpe con el asesinato del reconocido periodista Mardonio Mejía, director de la emisora Sonora Estéreo, ocurrido el pasado 24 de enero en su residencia en San Pedro, Sucre.
El atentado tuvo lugar alrededor de las 7:00 de la noche cuando Mejía regresaba a su hogar después de participar en una subasta ganadera. Un hombre armado ingresó a su residencia y, de manera violenta, le disparó, causándole heridas fatales. A pesar de los esfuerzos de los vecinos por trasladarlo rápidamente a un centro asistencial, el periodista falleció en el trayecto.

Este hecho violento contra el comunicador, deja ver la vulnerabilidad de quienes ejercen la labor periodística en la región, siendo Mardonio Mejía la última víctima de una serie de ataques contra comunicadores. La falta de pronunciamientos oficiales hasta el momento ha generado incertidumbre en la comunidad sobre los motivos detrás de este acto violento.
Jonathan Bock, director de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), lamentó profundamente la pérdida al declarar: «Es terrible el asesinato del periodista Mardonio Mejía. Murió después de que sicarios le dispararon esta tarde en su casa. Mardonio dirigía la emisora Sonora Estéreo y cubría noticias de San Pedro y de Sucre.»
La gobernadora de Sucre, Lucy García Montes, expresó su rechazo ante este acto de violencia y anunció que están trabajando estrechamente con las autoridades para llevar ante la justicia a los responsables. Además, se ofreció una recompensa de hasta 20 millones de pesos para aquellos que brinden información que conduzca a la captura de los perpetradores.
El asesinato de Mardonio Mejía resalta la creciente preocupación en la región sobre la seguridad de los periodistas y sus constantes enfrentamientos con actores violentos. La sociedad y las autoridades han realizado llamados a la acción para abordar esta problemática y garantizar la seguridad de quienes desempeñan un papel crucial en la sociedad. El periodismo en la costa atlántica y en Colombia, cada día, se enfrenta a desafíos que lo convierten en una de las profesiones más peligrosas.
