La marcha que tuvo lugar el pasado 21 de abril, en varias ciudades de Colombia, estuvo marcada por escenas de violencia, con riñas, ataques a periodistas y a aquellos que observaban el evento.
En dichas jornadas de manifestaciones del 21 de abril en Bogotá, Bucaramanga, Barranquilla y Medellín, trece periodistas fueron objeto de agresiones físicas, verbales y obstrucción a su labor informativa.
El ambiente tenso y hostil en el ejercicio del periodismo se evidenció recientemente cuando reporteros de varios medios, entre ellos RTVC, El Tiempo, Cofradía para el Cambio, Tras Este Visor y El Tamal News, se vieron obligados a interrumpir su cobertura para proteger su integridad física y profesional. Los periodistas fueron objeto de graves señalamientos, como ser tildados de «vendidos», «provocadores» e incluso «izquierdistas», además de enfrentar acusaciones infundadas de manipulación de la información. En un acto de violencia inaceptable, ocho de ellos fueron agredidos con objetos y sustancias mientras realizaban su labor informativa.
En Barranquilla, la fotógrafa Vanessa Romero y el presentador Deivis López, de El Tiempo, vivieron momentos de angustia cuando un individuo intentó obstruir su transmisión en vivo, llegando al extremo de empujar a López y romper su credencial de prensa. Este incidente refleja la peligrosa hostilidad que enfrentan los profesionales de los medios en el ejercicio de su deber, lo cual representa una amenaza no solo para su seguridad personal, sino también para la libertad de prensa en nuestra sociedad.

Esta manifestación liderada por sectores de la derecha incluyó consignas que abogaban por la muerte del presidente Petro. Este nivel de agresividad resulta inusual, ya que no se identificaron antagonistas específicos que justificaran tal exceso de violencia.

En contraste con las marchas de los sectores del progresismo para evitar la reforma tributaria en 2021, donde hubo enfrentamientos entre los manifestantes y el ESMAD, que salía a prohibir la marcha o a provocar a los manifestantes, en el caso de la marcha uribista no hubo policía impidiendo su realización. No existía ningún impedimento para los participantes, solo que salieron enojados porque no les agrada Petro ni sus seguidores.
A este tipo de situaciones se debería prestar mucha atención, especialmente algunos medios de comunicación y políticos que siembran cizaña en la sociedad, lo que podría terminar en una nueva escalada de violencia o la repetición de una guerra bipartidista como la que comenzó en 1948, en la cual se estima que más de 190,000 colombianos perdieron la vida y otros dos millones más fueron desplazados de sus tierras como resultado de la violencia.
Los videos que documentan estos hechos son evidencia contundente de la gravedad de la vergonzosa situación de la violencia utilizada por los manifestantes en contra de la vida de Petro, ya que lo que más gritaban era «¡Muera Petro!».
