Hace casi un año, el alcalde de Tierralta, Córdoba, José David Contreras, le reclamó al presidente Gustavo Petro que no estigmatizara a su municipio, porque el presidente desde Montería dijo que el Clan del Golfo tenía bloqueada la vía. el alcalde Contreras, negó la presencia de grupos al margen de la ley en su municipio y defendió la imagen de Tierralta como un territorio turístico, cultural y en paz. Sin embargo, casi un año después de su enérgico discurso, su municipio enfrenta una ola de amenazas contra siete concejales de oposición, un periodista y un abogado.
Ante esta realidad, surgen preguntas inevitables: ¿Desconoce el alcalde lo que ocurre en su territorio o simplemente prefiere guardar silencio? Su mutismo es aún más evidente cuando, después de su reclamo en una intervención pública, un grupo armado entregó un centro de salud y una ambulancia fluvial en El Manso, sin que él mandatario hiciera pronunciamiento alguno. Tampoco ha condenado las amenazas que ponen en riesgo la vida de quienes han cuestionado su administración.
¿Por qué esta persecución a los concejales y al periodista defensor de paz?
Todo apunta a la lucha por el control del presupuesto municipal y de la institucionalidad. A través de acciones de tutela y derechos de petición, líderes comunitarios y concejales, han denunciado presuntas irregularidades, tratando de evitar que la corrupción se apodere de los recursos públicos. Pero, en lugar de obtener respuestas claras y transparentes, la reacción ha sido el hostigamiento y la intimidación.
Esta grave situación debería tener la misma repercusión mediática que la denuncia del alcalde sobre la supuesta estigmatización de Tierralta. Si, Contreras tiene todo el derecho de defender la imagen de su municipio porque Tierralta es un pueblo de hombres y mujeres honestos y honestas y de paz, aunque la violencia los ha venido azotando desde hace cuatro décadas, pero los concejales y el periodista amenazados tienen el mismo derecho a la libertad de expresión y a exigir transparencia.
¿Por qué la voz del alcalde se alzó con firmeza ante el Gobierno, pero calla frente a la violencia que aqueja a su propio pueblo, es por miedo o porque?.
Se entiende que el alcalde pueda tener temor como casi la gran mayoría de los tierraltenses, pero este puede pedir apoyo al departamento y a la nación para que lo respalden y Tierralta recupere la tranquilidad.
La democracia y la libertad de expresión no pueden ser sofocadas por el miedo ni por quienes pretenden manejar a Tierralta como un feudo. Es momento de que las autoridades nacionales y la sociedad civil pongan la lupa sobre lo que realmente ocurre en este municipio.
