El cuerpo del sacerdote y sociólogo Camilo Torres Restrepo, ícono de la teología de la liberación y exintegrante del Ejército de Liberación Nacional (ELN), habría sido hallado este viernes, más de seis décadas después de su muerte en combate ocurrida el 15 de febrero de 1966 en el corregimiento de Patio Cemento, en el departamento de Santander, durante su primera acción armada.
La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) citó a una rueda de prensa para este viernes, en la que su directora, Luz Janeth Forero, anunciará una “noticia relevante para la búsqueda humanitaria y extrajudicial en el marco del conflicto armado”, información que estaría relacionada con el paradero de los restos del sacerdote.
La primera versión pública sobre el hallazgo fue divulgada por el ELN, a través de un comunicado difundido en sus canales oficiales.
“El cuerpo ha sido encontrado y verificada su autenticidad. El pueblo colombiano, por el que luchó y ofrendó su vida, espera que sus restos sean respetados y depositados en el campus de la Universidad Nacional”, señala el texto, en el que la guerrilla reivindica la figura de Torres como sacerdote, académico, agitador social y revolucionario.
Camilo Torres Restrepo nació en Bogotá el 3 de febrero de 1929. Fue sacerdote católico, sociólogo, profesor universitario y cofundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, la primera de su tipo en América Latina. Desde la academia y la acción social se destacó por su defensa de los sectores populares y su crítica a las profundas desigualdades del país.
Marcado por las tensiones entre fe, política y justicia social que atravesaron América Latina en los años sesenta, Torres dejó el sacerdocio en 1965 y se incorporó al ELN, organización insurgente influenciada por el marxismo y la teología de la liberación. Según el grupo guerrillero, tras su muerte sus restos permanecieron ocultos durante décadas y ahora solicitan que, una vez identificados plenamente, sean entregados a la Universidad Nacional, donde fue capellán y docente, para su custodia y homenaje.
La figura del padre Camilo ha generado interpretaciones encontradas. Para algunos, es símbolo del compromiso cristiano con los pobres y de la lucha contra la injusticia social; para otros, representa una decisión polémica al optar por la vía armada en un contexto de alta confrontación política. El eventual hallazgo de sus restos reaviva debates históricos, académicos y éticos sobre memoria, verdad y reconciliación en Colombia.
Camilo Torres y su significado para el ELN
Aunque Camilo Torres inspiró ideológicamente al movimiento que dio origen al ELN, su ingreso formal a la guerrilla se produjo solo a finales de 1965, un año después de la toma de Simacota del 7 de enero de 1965, considerada la primera acción armada de ese grupo insurgente.

De acuerdo con el Informe Final de la Comisión de la Verdad, “la adhesión al movimiento guerrillero de sacerdotes como Camilo Torres le valió el apoyo en sectores de la población campesina”. Su llegada al ELN se dio de manera clandestina, en medio de la persecución que enfrentó tanto de la jerarquía de la Iglesia Católica como de sectores políticos y sociales.
Además de su rol religioso y académico, Torres fue impulsor del Frente Unido del Pueblo, un movimiento social que cuestionó a los partidos tradicionales durante el Frente Nacional. Su ingreso a la insurgencia fue, para muchos de sus seguidores, la continuidad de una lucha que ya llevaba más de una década contra la pobreza y la exclusión.
Relatos locales reconstruyen su ingreso a las filas guerrilleras. “En San Vicente hay varias historias sobre cómo llegó. La más conocida dice que en la plaza del pueblo lo esperaba Fabio Vásquez, quien se lo llevó monte adentro, y que al llegar al campamento casi nadie lo reconoció”, cuenta Jaime Ardila, director del periódico El Yariguí.
El anuncio público de su militancia se hizo el 7 de enero de 1966, un año después de Simacota. Apenas un mes más tarde, Torres murió en combate contra tropas de la Quinta Brigada del Ejército. Su muerte tuvo un impacto profundo y motivó la incorporación a la guerrilla de otros sacerdotes y religiosos, como Manuel Pérez y Domingo Laín.
Hoy, el posible hallazgo de sus restos vuelve a poner en el centro del debate nacional la figura de un hombre cuya vida y muerte siguen interpelando a Colombia sobre las fronteras entre fe, política y violencia.
