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Cerro Matoso se acuerda de los medios de Montelíbano solo cuando necesita que lo escuchen

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Por años, los medios de comunicación de Montelíbano y del San Jorge han construido su trabajo con esfuerzo, sacrificio y recursos limitados. Hoy, ante la situación que enfrenta Cerro Matoso, la empresa vuelve a mirar hacia esos mismos medios para pedirles ayuda en la difusión de sus mensajes. La pregunta es inevitable: ¿por qué ahora sí?

La situación que actualmente rodea a Cerro Matoso y la preocupación que existe frente a su futuro empresarial, laboral y social ha puesto nuevamente sobre la mesa una discusión que durante años ha permanecido en silencio: la relación de la empresa con los medios de comunicación de Montelíbano y de la región del San Jorge.

En las últimas semanas, desde diferentes escenarios relacionados con esta problemática, se han promovido ruedas de prensa virtuales y, en algunas ocasiones, encuentros presenciales con periodistas y medios de comunicación locales, buscando explicar la situación y generar respaldo de la comunidad.

Y es apenas lógico que Cerro Matoso quiera informar. Una empresa de semejante importancia para Montelíbano tiene derecho a explicar su posición, defender sus intereses y buscar que la ciudadanía conozca su versión de los acontecimientos.

Pero también es legítimo que los periodistas y medios locales se hagan una pregunta incómoda:

¿Dónde estuvo Cerro Matoso cuando los medios de comunicación de Montelíbano necesitaban apoyo para sobrevivir y crecer?

Porque durante los llamados años de bonanza de la minería, cuando la operación de la empresa generaba importantes dinámicas económicas en la región, la presencia de la compañía en los medios locales no siempre estuvo a la altura de la importancia que estos medios tenían y siguen teniendo para la comunidad.

No se trata de afirmar que una empresa privada tenga la obligación legal de contratar publicidad con todos los medios existentes. Evidentemente, Cerro Matoso tiene libertad para decidir dónde invierte sus recursos publicitarios y de comunicaciones.

El problema es otro.

El problema es la reciprocidad.

Los medios de comunicación de Montelíbano han acompañado durante años la vida de la comunidad. Han informado sobre accidentes, problemas laborales, dificultades sociales, denuncias ciudadanas, obras, protestas, acontecimientos deportivos, actividades culturales y, por supuesto, también sobre la actividad de Cerro Matoso.

Muchos de estos medios han sobrevivido sin grandes contratos, sin estructuras empresariales robustas y sin el respaldo económico de compañías con capacidad financiera. Han trabajado desde pequeñas oficinas, estudios improvisados, casas y hasta desde teléfonos celulares, tratando de mantener informada a una población que muchas veces no encuentra espacio en los grandes medios nacionales.

¿Por qué ahora sí necesitan a los medios locales?

La pregunta no busca impedir que los medios cubran la situación de Cerro Matoso. Todo lo contrario.

Los periodistas deben informar.

Si existe una problemática que afecta el empleo, la economía, los trabajadores, los contratistas, el comercio y el futuro de Montelíbano, los medios tienen la responsabilidad de contarla.

Pero informar no significa convertirse en departamento de comunicaciones de ninguna empresa.

Cuando una compañía necesita que la comunidad conozca su posición, los medios locales se convierten en aliados fundamentales porque son ellos quienes tienen la capacidad de llegar directamente a los barrios, comerciantes, trabajadores, familias y comunidades que viven alrededor de la operación.

Entonces surge otra pregunta: ¿Por qué los medios de Montelíbano y la subregión del San Jorge, parecen ser importantes cuando hay una crisis, pero no necesariamente cuando hay recursos para contratar publicidad, apoyar proyectos de comunicación o fortalecer el ecosistema informativo de la región?

Durante años, buena parte de la pauta empresarial y de las relaciones públicas de Cerro Matoso, ha terminado concentrándose en unos escasos medios locales, medios de Montería y en grandes medios nacionales como Caracol, RCN, revista Semana y otros más.

Eso no es ilegal.

Tampoco significa que esos medios no tengan derecho a recibir publicidad.

Pero sí abre una discusión legítima sobre la necesidad de fortalecer a los medios que están en el territorio, conocen a sus comunidades y permanecen allí incluso cuando las grandes cámaras se marchan.

El caso de la emisora  comunitaria 105.0  también merece una discusión

Otro asunto que no debería pasar inadvertido es el deterioro histórico de la Emisora  comunitaria en Montelíbano.

La desaparición de una emisora comunitaria que durante años ofreció espacios a periodistas, locutores, organizaciones sociales y ciudadanos dejó un vacío importante en la comunicación local.

Las circunstancias que rodearon la pérdida de esa licencia y las razones por las cuales no fue recuperada posteriormente son asuntos que deberían ser revisados con documentos y hechos verificables, no con rumores.

Pero el resultado sí es evidente: Montelíbano necesita medios comunitarios fuertes, independientes y verdaderamente vinculados con la comunidad.

Hoy existe una emisora que lleva el nombre de comunitaria, pero también existen cuestionamientos ciudadanos sobre su verdadero carácter y sobre el nivel de participación que tiene la comunidad en ella.

Ese debate también debería darse.

Porque una comunidad sin medios fuertes termina dependiendo de quienes tienen el dinero, el poder político o la capacidad económica para decidir qué se publica, qué se escucha y qué temas llegan a la opinión pública.

Los medios de Montelíbano no son ambulancias comunicativas

Los medios de Montelíbano no pueden ser vistos como una especie de “ambulancia comunicativa” a la que se llama únicamente cuando hay una emergencia.

Si una empresa quiere construir una relación sólida con la comunidad, esa relación debería empezar mucho antes de que aparezca una crisis.

Debería existir durante los buenos tiempos y durante los momentos difíciles.

Debería traducirse en inversión publicitaria transparente, espacios de diálogo, capacitación, proyectos de comunicación, participación comunitaria y reconocimiento al trabajo periodístico local.

No se trata de regalar dinero.

Se trata de entender que la comunicación también forma parte de la responsabilidad social empresarial.

Y aquí hay una diferencia fundamental, una cosa es que una empresa no esté obligada jurídicamente a pautar en determinado medio y otra muy diferente es pretender que ese medio tenga la obligación moral de poner gratuitamente sus plataformas al servicio de los intereses comunicativos de la empresa.

Cerro Matoso es una compañía privada y puede decidir dónde pauta.

Pero los medios también son empresas, emprendimientos y proyectos periodísticos que necesitan ingresos para pagar periodistas, internet, equipos, transporte, producción, transmisiones y todos los costos que implica mantener informada a una comunidad.

La información tiene valor. El trabajo periodístico tiene valor. El tiempo de los periodistas tiene valor.

No se trata de cerrarles el micrófono

Que quede claro: esta reflexión no pretende pedirle a los medios de Montelíbano que le cierren los micrófonos a Cerro Matoso.

Sería un error.

Una empresa tan importante para la región debe tener espacio para explicar qué está ocurriendo, responder cuestionamientos y presentar sus argumentos.

Los medios deben escuchar a Cerro Matoso.

Pero también deben escuchar a los trabajadores, sindicatos, comerciantes, autoridades, contratistas, comunidades, expertos y ciudadanos.

Ese es precisamente el papel del periodismo, no convertirse en vocero de una sola parte.

Si Cerro Matoso está atravesando una situación compleja, la comunidad merece conocerla. Pero también merece conocer todas las voces involucradas y contar con información suficiente para formar su propia opinión.

La pregunta queda sobre la mesa

Quizás esta coyuntura sea una oportunidad para replantear la relación entre Cerro Matoso y los medios de comunicación de Montelíbano y el San Jorge.

No desde la confrontación.

No desde el resentimiento.

Sino desde una pregunta mucho más profunda:

¿Qué tipo de relación quiere construir Cerro Matoso con la comunidad que durante décadas ha convivido con su actividad minera?

Porque si los medios locales son suficientemente importantes para ayudar a explicar una crisis, también deberían ser suficientemente importantes para participar en la construcción de una relación permanente con la empresa.

Y si durante los años buenos no hubo suficiente espacio para ellos, tal vez este sea el momento de reconocer que una comunidad también necesita fortalecer sus propios medios de comunicación.

Cerro Matoso no está obligada a pautar en todos los medios de Montelíbano.

Pero los medios tampoco están obligados a convertirse en plataformas gratuitas para resolver las necesidades comunicativas de una empresa privada.

El periodismo debe informar, no servir de instrumento.

Y si de verdad se quiere construir una relación sana entre empresa, medios y comunidad, esa relación debe ser de doble vía: respeto, transparencia, información y, sobre todo, reconocimiento al trabajo de quienes todos los días cuentan lo que ocurre en Montelíbano y en el San Jorge.

Porque los medios locales no deberían ser recordados solamente cuando hay problemas.

También deberían ser tenidos en cuenta cuando hay bonanza.

Dios me puso un Ángel en mi camino y ese Ángel, es el alcalde

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