Por: Sebastián Sanint
Sebastián Sanint comienza señalando un consenso en sus círculos de clase alta: la creencia de que la presidencia de Petro es un «accidente» o una «anomalía populista» que terminará en 2026. Sin embargo, Sanint cuestiona esta idea, argumentando que Colombia nunca ha vivido una verdadera normalidad, solo una larga historia de desigualdad, violencia, impunidad y cinismo. La discusión política actual se ha reducido a un solo eje: Petro o anti-Petro, donde todo lo demás es considerado «ruido».
La Oposición: Sin Rumbo y Desconectada
Sanint critica duramente a la oposición, afirmando que carece de una narrativa, un proyecto o una dirección clara. Aunque tienen rabia y cierta disciplina (especialmente los uribistas), están aislados. Los partidos tradicionales son vistos como oportunistas, que simulan oposición mientras negocian contratos. El autor menciona ejemplos de figuras de la oposición como Germán Vargas Lleras (cuya carrera política parece haber terminado), Claudia López (indefinida en su postura), y Sergio Fajardo y Alejandro Gaviria (a quienes describe como profesores virtuales, lo que sugiere una falta de conexión con la gente). Además, critica a «Los Uribitos, Vicky y María Fernanda» por estar anclados en la campaña de 2002, mostrando un retraso de 23 años. La oposición no convence porque no propone ideas potentes; sus acciones son meras reacciones sin originalidad ni visión de futuro.
Las Ventajas de Petro: Poder, Narrativa y Juventud
Por otro lado, Petro juega con varias ventajas significativas:
El Poder del Estado: Controla el «cheque, los contratos y los cargos», lo que le da una gran influencia.
Capacidad de Movilizar: Sanint sugiere que Petro tiene el poder de «encender el país» (recordando el «estallido social»), dominando tanto el miedo como la esperanza.
El Monopolio del Relato del Cambio: Petro ha logrado capitalizar la narrativa del cambio, hablando de justicia social, campesinos y trabajadores. A pesar de los posibles incumplimientos o escándalos, su discurso sigue resonando y ganando votos.
Apoyo Juvenil: Los jóvenes lo apoyan no necesariamente por adoración, sino porque la oposición no se ha tomado la molestia de hablarles.
Las encuestas muestran a Petro estable o incluso creciendo. Sanint estima que, con unos pocos puntos más, podría reelegirse indirectamente, mientras que el opositor más fuerte necesitaría escalar unos 40 puntos, algo que considera improbable.
Operadores Políticos y la Torpeza de la Oposición
El autor destaca la astucia de los operadores políticos de Petro, Armandito (Benedetti) y Roy (Barreras), quienes entienden la política tal como es, no como debería ser. Sanint incluso apostaría por Roy como el próximo presidente.
La oposición es vista como torpe además de débil. Un ejemplo de su miopía es su oposición a una reforma laboral popular, insistiendo en que la jornada nocturna comience a las 9 PM en un país donde oscurece a las 6 PM, lo que demuestra una desconexión total con la realidad.
La Necesidad de una Nueva Visión y el Vacío de Carisma
Sanint sugiere que la oposición debería pensar en algo grande, como un «frente común» o un «acuerdo nacional» real, un «Pacto por lo Justo» que hable a la gente sin sonar exactamente a Petro. Sin embargo, cree que sus vanidades y egos lo impiden. También argumenta que la seguridad ya no es una carta ganadora; la gente vota por el cambio, por la vaga idea de que algo puede mejorar.
El mayor vacío de la oposición es la falta de una figura carismática, una «estrella» o un «rockstar». Los candidatos de la oposición parecen funcionarios con aspiraciones: bien vestidos, bien hablados, bien peinados, pero sin «calle», sin «barrio», sin «panadería». Les falta una conexión que no se aprende en universidades de élite. Sanint sugiere que el mejor analista político de Colombia sigue siendo el taxista, implicando que la oposición no escucha a la gente común.
La Crisis de Imaginación de la Oposición
Finalmente, Sanint concluye que, si bien Petro puede perder, no será derrotado con editoriales, trinos indignados o propuestas que no emocionan ni a sus propios creadores. El problema de la oposición no es una crisis de poder, sino una crisis de imaginación. Mientras nadie sea capaz de imaginar algo mejor, el que diga «cambio» más fuerte seguirá mandando.
