Los festivales de acordeoneros en Córdoba, han dejado de ser atractivos para los músicos y concursantes. ¿La razón? Desde que los alcaldes tomaron el control de estos eventos, se han politizado al punto de que solo ganan y obtienen oportunidades aquellos cercanos al mandatario de turno.
El festival ya no premia el talento, sino que se ha convertido en una plataforma para pagar favores políticos. El alcalde de turno nombra a un amigo como encargado del evento, y este, a su vez, acomoda los resultados para favorecer a ciertos acordeoneros, como parte de una red de » Amarra Vacas » entre diferentes municipios. Casos como el Festival de Montelíbano, La Apartada y Ayapel, dejan en evidencia este patrón.
No es justo ni ético que, semanas antes del evento, ya se conozca quiénes serán los ganadores en las categorías de acordeonero profesional, infantil y aficionado, así como en canción inédita. La falta de transparencia desmotiva a quienes se esfuerzan por demostrar su talento, solo para ver que el premio va al «amiguito» del hijo del alcalde o a un conocido del organizador.
Por esta razón, en festivales como los de Montelíbano, La Apartada y Ayapel, la categoría de acordeonero profesional reúne a no más de cinco concursantes, y casi siempre son los mismos.
Si miramos atrás, hace 20 años estos festivales atraían a grandes exponentes del vallenato, como los reyes vallenatos Julián Rojas, Juan David «El Pollito» Herrera y Manuel Vega, entre otros. Su participación le daba prestigio y categoría al evento. Hoy, en contraste, ni los acordeoneros, ni los cajeros, ni los guacharaqueros de estos municipios muestran interés en inscribirse por el manejo que se le da a los festivales..
Actualmente, hay un fuerte malestar entre los músicos de Montelíbano, quienes denuncian que no serán tenidos en cuenta en el festival porque no votaron por el actual alcalde, como si el evento y los recursos del municipio fueran herramientas para ajustes de cuentas políticas.
Otro problema es el desvío de recursos
En eventos como el próximo Festival de Montelíbano, se hace una millonaria inversión, pero el dinero no se refleja en los concursos de acordeoneros, compositores y verseadores. En lugar de premiaciones dignas, la mayor parte del presupuesto se destina a conciertos con artistas nacionales e internacionales, cuyos palcos se venderán por millones de pesos, según lo denunciado por el periodista Organis Cuadrado. Esto resulta cuestionable, ya que el evento se financia con recursos públicos, por lo que debería ser una fiesta gratuita para la comunidad. Aunque algunos argumenten que en Valledupar también se cobra, la diferencia es que el Festival Vallenato es privado, mientras que aquí se usa dinero del municipio.
Con este panorama, los festivales vallenatos han perdido su esencia y atractivo para los concursantes. La premiación es mínima en comparación con el presupuesto disponible, y la fiesta, en lugar de ser del pueblo, se ha convertido en un evento exclusivo para el alcalde, su familia y su círculo de allegados.
Se tenía que decir, y se dijo.
