Por : Yamir Pico Pacheco

Las curules de paz, creadas en 2017 como un espacio de representación real para las víctimas del conflicto armado, se han convertido en el sur de Córdoba en un botín político. Hoy, los líderes sociales enfrentan el riesgo de repetir uno de los capítulos más vergonzosos de la política regional.
De una esperanza para las víctimas a un botín familiar
Las curules de paz fueron establecidas mediante el Acto Legislativo 02 del 25 de agosto de 2017 como parte de la implementación del Acuerdo Final con las FARC-EP. Se concibieron como una oportunidad histórica para que las víctimas tuvieran voz propia en el Congreso, para que quienes han vivido la violencia pudieran ser representados por alguien que conociera su territorio, su dolor y sus necesidades.
Pero en Córdoba esa esperanza fue desviada por intereses particulares. El entonces gobernador Orlando Benítez Mora tejió un entramado político para apoderarse de lo que le correspondía a las víctimas. Sabiendo que los líderes sociales carecían de los recursos para enfrentar una campaña electoral, ideó una jugada que hoy muchos recuerdan con indignación: postular a su prima, Leonor Palencia.

Reunió en una finca a los cinco alcaldes de la época—Puerto Libertador, Tierralta, Montelíbano, San José de Uré y Valencia—y entre pactos burocráticos y compromisos políticos alinearon su maquinaria en favor de Palencia. Así, la curul de paz terminó siendo apropiada por la familia Benítez, como si fuera una extensión de su poder local.
Una curul manejada tras bambalinas
El paso de Leonor Palencia por el Congreso fue una pantomima, diversas fuentes señalan que la verdadera dueña de esa curul fue Martha Ruiz Solera, esposa del entonces gobernador, quien habría manejado las decisiones y hasta los recursos del despacho. A Leonor, controlada por su primo y su esposa, solo le quedó cumplir formalidades mientras se dedicaba a los pasatiempos que todos comentan. Así terminó el primer periodo de una curul que debía representar la paz, pero que se convirtió en símbolo de abuso y despojo político; sobre todo, de la codicia del Sombrerón.
Y como la ambición nunca se sacia, ahora Martha Ruiz Solera quiere ser representante a la Cámara. Junto a su cuestionado marido, anda buscando avales para aspirar a una curul ordinaria. Le gustó tanto el poder que ya no pretende gobernar con manos ajenas, sino con las propias. Es un acto de cinismo que retrata la esencia de la política cordobesa: un feudo familiar donde el interés público es lo de menos.

Líderes sociales: también hay responsabilidad abajo
No todo es culpa de los de arriba. En su legítimo derecho de aspirar, los líderes sociales no han logrado unirse. Cada uno defiende su candidatura individual, mientras los políticos tradicionales avanzan en silencio con sus estrategias. La falta de consenso se convierte, una vez más, en el mejor aliado del clientelismo.
La historia amenaza con repetirse
En 2026 se realizará la última convocatoria para la elección de las curules de paz, un proceso iniciado en marzo de 2022. Hoy, las divisiones internas entre los líderes sociales son tan profundas como antes, y los políticos tradicionales ya preparan candidaturas cortadas con el mismo molde de la de Leonor Palencia. El manual que dejó Orlando Benítez está intacto: cómo engañar a las víctimas y campesinos en nombre de la paz.

A los líderes sociales de este nuevo proceso les corresponde hacer una pausa y recordar las luchas que los unieron cuando el bien común estaba por encima del ego. Está en sus manos decidir si esta vez las víctimas serán representadas con dignidad o si, por el contrario, la curul volverá a caer en manos de los mismos de siempre.
Un llamado urgente
Ojalá la desgracia que significó el control de Orlando Benítez y Martha Ruiz sobre la curul de paz no tenga una segunda temporada. Porque Córdoba no necesita más farsas: necesita representación real, ética y comprometida con la verdad.
Queridos líderes:
Hagan un alto. Recuerden por qué comenzaron. No permitan que la avaricia y la trampa vuelvan a imponerse.
La curul de paz fue creada para sanar heridas, no para engordar cuentas bancarias de quienes nunca sufrieron el desplazamiento ni el miedo a las balas. Ustedes deciden si en 2026 Córdoba escribe un capítulo de dignidad… o si asistimos a la secuela de la desgracia.
