Por : Marcos Ortega
El presidente Gustavo Petro frente a frente con el señor Álvaro Uribe, dialogando como grandes estadistas que son, con puntos distantes, pero también con puntos en común. Demostrando que lo que prima es remar en la misma dirección, aunque en barcas diferentes, sin tratar de hundir uno, la nave del otro. Porque si le va mal Petro le va mal a Colombia, así de simple. Cada uno con su equipo de confianza de escudero, sin entregar sus banderas, ni principios, si no, intentando hilvanar juntos propuestas que puedan sacar a Colombia del estado de postración, en la que la han dejado estos gobiernos tercos e intransigentes.
Lo lamentable
Que en la oposición, en otra esquina, haya un sector irracional, maltratador, racista, bravucón, fanáticos delirantes, que como sombíes sedientos, cegados de cólera, pongan al descubierto vestigios la animalidad, que aún persiste en ciertos niveles de la civilización humana.

Semana, es ejemplo de esa oposición irracional, empuñando la antorcha del periodismo clientelista, sesgado y servil, que surge como instrumento del poder político, bajo el amparo de la libertad de prensa, cuando ha perdido toda ética y dignidad, tesoros invaluables de esa sagrada misión. No es el único medio, son muchos otros que van detrás, proclamando consignas y discursos que buscan aplastar y eliminar al otro, en lugar de construir puentes de un dialogo inteligente, espacios de paz basados en la verdad. Adoctrinan con sus titulares altisonantes y discordantes, editoriales populistas tergiversados, defractando la verdad en favor de sus propietarios y financiadores del poder político. Eso es violencia irracional ¡Qué vergüenza por Dios!
Es esta la oposición que, tal vez no tenga el peso para detener la locomotora del cambio que se avecina, pero molesta, desdibuja aquella oposición inteligente de Alvaro Uribe, avergüenzan a la clase política, que bueno sería que se educaran un poco más, porque sé que sí pueden.
El presidente Petro en su campaña, lo recuerdo claramente, prometió llamar a todos los sectores, incluyendo a la oposición, a un diálogo nacional sobre las grandes transformaciones que ha propuesto en su gobierno. Con las dos reuniones sostenidas hasta ahora con el Señor Uribe, con los empresarios, con los latifundistas, expresidentes, entre otros, está demostrando el mayor gesto democrático del que tengamos noticias en las últimas décadas. Que gran ejemplo señor Petro.
La verdad no sé si el señor presidente, así como está invitando a los grupos disidentes y paramilitares, a la paz total, tenga que llamar también a Carlos Felipe Mejía, a Miguel Polo Polo, a la revista Semana, a la Señora Racista, a Paloma Valencia y María Fernanda Cabal, a deponer sus armas venenosas y remar, aunque sea en la misma barca del Señor Uribe, pero en la misma dirección de este gobierno: hacia una nueva Colombia, en paz, productiva, digna, hacia un lugar para la vida y no para la muerte. Tal vez sea el Señor Uribe quien los llame, no sería raro si sucediera.

Lo manifestado el 26 de septiembre en las calles, fue una proclama irracional de odio, de racismo, de retaliaciones, por la impotencia de ver a alguien distinto al viejo aparato político en el poder y en el turno de mando. Vomitaban veneno, egoísmo, resentimiento, fobia. No lograban articular racionalmente en su lenguaje, lo que tenían en su cerebro. Obvio, la racionalidad humana tiene su culmen en el discurso. En otras palabras, la boca no puede hablar de lo que la mente no sabe, ni de lo que el corazón no siente.
Bienvenida la oposición inteligente, bienvenida la protesta informada y racional, bienvenido el cambio.
